Diferencias de la sexualidad masculina y femenina

A pesar de las diferencias de la sexualidad masculina y femenina, somos iguales

Cuando nos referimos a las diferencias de la sexualidad masculina y femenina lo hacemos en el contexto físico y social, aunque más adelante expondremos nuestra opinión acerca de las desigualdades que existen todavía entre un sexo y otro.

La sexualidad es una función humana compleja y difícil de definir. Se puede manifestar de muchas formas en las personas y evoluciona de forma constante.

En la actualidad, se considera que la sexualidad no es sólo una función para la reproducción (para tener hijos), sino también un juego, un intercambio, una comunicación. Y estos elementos contribuyen a una vida sexual serena, sin conflictos.

La vida sexual también está influenciada por la educación recibida y por las experiencias que se han tenido de pequeño y durante la adolescencia. Son muy importantes las experiencias positivas que acompañan al crecimiento: los cuidados y la satisfacción de las necesidades primarias, el contacto corporal y la relación cariñosa con los padres y la aceptación del propio cuerpo.

En algún momento entre los 10 y los 13 años, los cuerpos de los niños empiezan a cambiar y se convierten en adultos. Todos los niños y adolescentes sentirán curiosidad y se hacen muchas preguntas sobre el sexo. Y el bienestar y la salud sexual requieren respuestas… sobre todo información.

Diferencias entre hombres y mujeres

Las diferencias de la sexualidad masculina y femenina...
La vida sexual está influenciada por la educación recibida y por las experiencias que se han tenido de pequeño y durante la adolescencia.

En la especie humana, igual que en las demás especies animales, los individuos se dividen en machos y hembras por la forma que tienen sus órganos genitales.

La diferencia sexual permite establecer si se pertenece al sexo masculino o femenino. Sin embargo, en los seres humanos la pertenencia a uno u otro sexo no está definida sólo por las diferencias físicas, sino que también es el resultado de la educación, las costumbres y las normas que se originan en la cultura de cada sociedad.

Después de nacer, el ambiente social propone comportamientos y actitudes considerados idóneos para cada sexo y lleva a la adopción de un rol sexual masculino o femenino.

El primer lugar donde estos roles sexuales toman forma y se transmiten es en la familia. Durante el embarazo los padres pueden conocer el sexo de su hijo, por lo que desde entonces ya preparan su habitación y su ropa, escogiendo los elementos que se adaptan mejor a un niño o a una niña.

Tanto a los niños como a las niñas se les invita poco a poco a comportarse, en casa y en la escuela, del modo que se considera adecuado a un sexo o a otro. Por ejemplo, en la forma de vestir o en la forma de jugar… Por lo que las diferencias sexuales se notarán más a medida que el niño o la niña crecen.

«Muchas personas en la sociedad»

Los roles sexuales que establece cada sociedad deben asumirse con condiciones, y como es obvio, cada persona tiene su propia sensibilidad y una tendencia natural a preferir ciertas actitudes y comportamientos.

Las diferencias entre los individuos son las que permiten la renovación y la transformación de normas sociales que habían permanecido inmutables durante mucho tiempo.

De hecho, en el seno de una misma sociedad los roles sexuales pueden cambiar con el paso del tiempo. La imagen y la condición de la mujer, por ejemplo, han cambiado a lo largo de la historia. Hasta hace pocos años, la niña era educada para su futuro papel de esposa y madre… Muy lamentable pero cierto. En la actualidad las cosas van cambiando a mejor, aunque no cambia en todas partes por igual.

Muchos esquemas de comportamiento han variado profundamente. Dos ejemplos claros son el ideal de belleza y la forma de vestir: cada uno o una viste lo que quiere sin ceñirse a unas reglas.

También, en el ámbito de los sentimientos y las emociones han cambiado mucho las cosas. Las relaciones entre las personas de la misma edad son más abiertas, y la amistad entre jóvenes de ambos sexos se considera necesaria para un crecimiento equilibrado.

Las diferencias de la sexualidad masculina y femenina deben entenderse tanto en el plano físico y social, además de las desigualdades que existen.

¿Qué es más correcto decir, «diferencia sexual o desigualdad sexual», en el trato a las personas?

Hace poco tiempo que las mujeres han conquistado, en parte, la libertad, expresada como la autoestima para moverse, vestirse, relacionarse o incluso decidir sobre sus proyectos personales.

Por eso creemos que es más adecuado hablar de diferencia sexual y no de desigualdad sexual entre ambos sexos. La sociedad debe moverse hacia la paridad en las tareas de hombres y mujeres y hacia la igualdad de sus cualidades.

Esta progresiva igualdad en los derechos de ambos sexos debe establecerse tanto en el terreno laboral como social, político y familiar.

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